Dos países católicos más ceden ante el lobby homosexual
WASHINGTON D.C., 13 de mayo (C-Fam) Esta semana, Italia se sumó a la lista de países que ofrecen protecciones especiales para las relaciones homosexuales mediante una polémica ley de la legislatura nacional.
Del otro lado del mundo, Colombia se añadió a esa lista por decreto judicial. La Corte Constitucional declaró que las personas que conforman una relación homosexual tienen derecho al «matrimonio» sin «discriminación».
El tribunal colombiano se basó, en parte, en la falsa afirmación de los activistas homosexuales y de algunos órganos internacionales según la cual el derecho internacional obliga a las naciones a ofrecer a las personas que tienen una relación homosexual las protecciones especiales que el derecho internacional reserva para la familia y que un trato diferente constituiría una forma prohibida de discriminación.
La única opinión discrepante del caso provino del Juez Jorge Ignacio Pretelt Chaljub, quien acusó a la Corte de radical, de usurpar la voluntad de millones de votantes colombianos y diseminar el «caos» en el sistema jurídico del país.
Este caso sigue a un fallo anterior similar de la Corte Interamericana de Derechos Humanos denominado Duque Vs. Colombia. La legislatura colombiana pasó por alto un fallo de la Corte Suprema de 2006, también basado en las opiniones de órganos internacionales, que le ordenaba legalizar el aborto en ciertos casos.
Los cambios en Italia también son producto de ejercicios de autoridad poco ortodoxos.
El gobierno italiano forzó la aprobación de un proyecto de ley para las uniones homosexuales el miércoles, e impidió cualquier enmienda a la medida el día en que la norma fue sometida a votación. La decisión es tan polémica que más de un millón de manifestantes se reunieron en el famoso Circo Máximo, famoso en enero por Ben Hur. No obstante, sólo lograron garantizar que la ley no incluya la adopción de hijastros.
El político católico Alessandro Pagano declaró: «hemos sido espectadores de una lucha estratégica en contra de la sacralidad de la vida y del valor de la familia, lo cual demuestra que hubo y hay un proyecto, que me atrevo a llamar perverso, muy amplio: “la desintegración de lo que es humano”».
Los activistas homosexuales, junto con aliados de la Secretaría de la ONU, de instituciones europeas y de la Organización de los Estados Americanos, han subvertido los procesos democráticos para transformar sus afirmaciones en derechos.
La adopción por homosexuales, la maternidad de alquiler y la adopción de hijastros siguen siendo inalcanzables en la mayoría de los países, incluso en aquellos que otorgan a las relaciones homosexuales algunas protecciones especiales. Pese a las medidas tomadas por las élites colombianas e italianas para eludir sus leyes, la cultura y la voluntad del pueblo, la expansión de la definición de «familia» puede ser problemática desde el punto de vista del derecho internacional.
Los «Artículos de la Familia», declaración internacional recientemente lanzada a favor de la familia, a la que se sumaron cientos de organizaciones, ratifica su definición en el derecho internacional. Solo la familia natural constituida por la unión de un hombre y una mujer tiene derecho a la protección jurídica conforme al derecho internacional.
Los Artículos de la Familia advierten que si los países optan por sancionar las relaciones homosexuales no deben confundirlas con la familia, para no comprometer la salud y el bienestar del niño y subvertir, e incluso violar, su derecho a conocer y ser cuidado por su madre y su padre.
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano
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