Análisis de noticias: Los desafíos de una administración pro-vida en las Naciones Unidas.

By Stefano Gennarini, J.D. and Lisa Correnti | 2020

Nueva York, 20 de noviembre (C-Fam) En los pasados cuatro años, la administración Trump ha combatido el aborto en la ONU como ninguna otra administración republicana anterior. Pero el éxito de la administración ha radicado principalmente en frenar los logros de la política abortista de la ONU, no en cambiar su ya xistente politica proabortista. Hay varias razones por las cuales los cambios o se producen tan lentamente o no se producen en absoluto.

En primer lugar, el promotor jefe del aborto en la ONU es la Unión Europea que es muy rica, poderosa e influyente. Es una fuerza a tener en cuenta cuando alcanza  la política social de la ONU. Esta categoría de política ambigua de “salud sexual y reproductiva” continúa atrincherándose en la política de la ONU debido al apoyo de unos 100 estados miembros alineados con la Unión Europea. Mientras solo un  bando de 32 se sitúan con los EE.UU. La UE aporta  de manera conjunta aproximadamente el 30% del presupuesto de la ONU, incluso más que los EE.U.U. Mientras los EE.UU. Pueden ser el único y más amplio contribuyente bilateral al desarrollo y la ayuda humanitaria, colectivamnte hablando la Unión Europea excede esto.

En segundo lugar, está el problema de una resistencia intensa. El Estado Profundo es real. Lo que hemos visto en años recientes es solo cómo puede ser el poder atrincherado en la burocracia. Los diplomáticos de carrera de EE.UU. tienden a ser pro aborto y, desde el momento en que la administración Trump intentó promover la causa provida internacionalmente, un núcleo de funcionarios  y diplomáticos de EE.UU. comenzó a sabotear estos esfuerzos. Además, empezaron a difundir historias a la prensa, tanto verdaderas como falsas, para desacreditar a la administración Trump. Los diplomáticos de EE.UU. han laminado lentamente las políticas de Trump. No han mostrado interés en proveer  información completa y adecuada a los cargos políticos  en tiempo real. Los diplomáticos de carrera han saboteado constantemente la causa pro vida.

En tercer lugar, se cuenta con los cargos políticos para llevar a cabo las políticas del presidente, pero las nominaciones han llegado despacio. Lo que es más, incluso buenos cargos políticos no tienen la experiencia de sus contrincantes de la U.E. Sin este conocimiento y experiencia, los políticos están a merced de los diplomáticos de carrera que les aconsejan. Existe un problema adicional de localización. La administración Trump nunca tuvo un mariscal de campo pro vida en la misión estadounidense en Nueva York. Los escasos excelentes consejeros de EE.UU. se han situado en Washington D. C. y, por ello, lejos de la acción.

Finalmente está el asunto del compromiso. La U.E. se preocupa profundamente de extender el evangelio del aborto y compromete su tiempo y recursos con este fin. Todo se reduce a la voluntad política y los EE.UU., incluso bajo el mandato de Trump, no han mostrado una voluntad férrea como la de los europeos. A menos que la causa provida sea una prioridad de la política extranjera a la par que  el asunto de Israel y la libre expresión, no puede haber resultados para la causa pro vida. La administración Trump  ha sido reacia a votar sobre las resoluciones de la ONU solamente debido al lenguaje ambiguo con respecto a Israel, la libertad de expresión, el derecho al alimento, el derecho al agua y el derecho al desarrollo, así como otras preocupaciones  de menor magnitud. La UE reconoce esto y permanecerá impertérrita en su promoción de un lenguaje conflictivo hasta que los EE.UU. demuestren la misma determinación acerca de las resoluciones que amenazan la vida del no nacido.

Hasta que el gobierno de EE.UU. decida convertir la promoción de la vida en una prioridad de política exterior, con todo lo que eso comporta en términos presupuestarios, ayuda exterior y poder diplomático, la causa pro vida internacional continuará estancándose.