Un lenguaje peligroso entra en el Consejo de Derechos Humanos

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WASHINGTON, D.C., 28 de agosto (C-Fam) Una nueva categoría -“violencia reproductiva”- fue aceptada en una reciente resolución del Consejo de Derechos Humanos, amenazando con servir como un caballo de Troya para la agenda pro-aborto si gana más aceptación.

La resolución, que trataba de los derechos de las mujeres y niñas en situaciones humanitarias, enumeraba violaciones “como la denegación o el uso forzado de anticonceptivos, el embarazo forzado, el aborto forzado y la esterilización forzada” como ejemplos de “violencia reproductiva”.

La negación del aborto no se menciona explícitamente en esta lista no exhaustiva, pero eso no significa que no se haya incluido implícitamente.   Los defensores del aborto, como International Planned Parenthood Federation, aplaudieron el nuevo lenguaje. Un artículo de Ms. Magazine adopta este término como una forma de presionar a los Estados Unidos sobre las restricciones estatales al aborto, señalando que si bien la resolución se centraba en situaciones humanitarias, esta redacción tendrá implicaciones más amplias.

Para los delegados de países con leyes pro-vida, oponerse al nuevo término es difícil dado el tema de la resolución, que se centra en las mujeres y niñas vulnerables que enfrentan violencia, incluido el abuso sexual, en medio de conflictos y desastres naturales.  Sin embargo, los arquitectos de la terminología “violencia reproductiva” dejan en claro que pretenden utilizarla para permitir una forma de violencia mientras condenan a otras.  Específicamente, quieren equiparar la negación del aborto con el aborto forzado como tipos de violencia.

La “violencia reproductiva” ya ha entrado en el discurso de las Naciones Unidas a través de informes de organismos como el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Este mismo año, coescribieron un informe para promover el término con la empresa de abortos MSI Reproductive Choices. Su definición propuesta incluye “leyes, políticas, prácticas institucionales y normas sociales y de género que restringen la elección, niegan el consentimiento o imponen resultados reproductivos”, con lo que claramente apuntan a medidas pro-vida.

No todos los que están a favor de la nueva categoría lo hacen por razones pro-aborto. Algunos defensores de las prohibiciones de la maternidad subrogada han argumentado que la práctica es una forma de “violencia reproductiva”, incluido el relator especial de la ONU sobre la violencia contra mujeres y niñas. Sin embargo, para los defensores de la vida, el daño potencial de esta táctica supera a los beneficios. La maternidad subrogada, así como el aborto forzado y otros actos dañinos, pueden condenarse individualmente sin crear una nueva categoría.

Esto es particularmente cierto cuando esta nueva categoría ya ha sido construida a propósito por el lobby internacional del aborto para describir como “violentos” a quienes restringirían el aborto. Además, el nuevo término distorsiona aún más la definición de violencia más allá de los actos perpetrados por individuos contra otros individuos e incluye cosas como leyes pro-vida, políticas e incluso normas sociales.

Los proponentes de la terminología de “violencia reproductiva” ya están en camino de incluirla en un próximo tratado sobre crímenes contra la humanidad, que todavía se está negociando. También buscan ampliar la definición de “embarazo forzado” más allá de la limitada que se acordó en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que explícitamente lo exime de incluir leyes pro-vida. Esto fue una pérdida para el lobby del aborto, que propuso una definición de “embarazo forzado” que apuntaba a las restricciones al aborto.

En el futuro cercano, los gobiernos que apoyan esta nueva expresión, principalmente de Europa occidental, sin duda intentarán aprovechar su éxito en Ginebra y llevar esta terminología a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York este otoño. Está por ver si se pueden detener sus esfuerzos.