Bangkok: activistas refunfuñan en foro feminista

By Wendy Wright | 2014

BANGKOK, 21 de noviembre (C-Fam) Mientras los países se preparan para un análisis mundial de los asuntos de la mujer en una conferencia de la ONU a celebrarse el año próximo, líderes feministas intentaron controlar el disenso en sus filas durante una de sus reuniones preparatorias realizada en Bangkok la semana pasada.

El revuelo en la última sesión del foro puso de manifiesto fisuras entre las feministas en cuanto a una declaración que exige el aborto financiado con fondos públicos, la legalización de la prostitución, la despenalización de la transmisión de VIH a personas desprevenidas y la eliminación de los tabúes sobre la conducta de las personas LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexo).

Los organizadores hicieron una preselección de quiénes podían asistir y asignaron asistentes a grupos de trabajo. Las relatoras de agrupaciones como la organización de defensa del aborto International Women’s Health Coalition transmitieron las opiniones de los talleres a un comité directivo, que las compiló en una declaración.

Pero el desempeño trastabilló en la sesión final, cuando se presentó la declaración.

Tras la lectura de apartados sobre VIH, salud y derechos sexuales y reproductivos, las mujeres dieron un paso al frente para quejarse de que la declaración no reflejaba su parecer.

Junto con el aborto financiado con dinero público, esta exige la revocación de leyes que «debilitan» los derechos de los «trabajadores y artistas sexuales». Las agrupaciones, «concretamente, las organizaciones feministas y de la mujer» deberían estar autorizadas para enmendar las políticas de gobierno que «debilitan» el acuerdo de Beijing.

Respecto del VIH, insta a que se deroguen las leyes que «penalizan a los trabajadores sexuales, a las personas que usan drogas, las políticas que confunden el trabajo sexual con el tráfico, penalizan la transmisión de VIH».

Una mujer agarró un micrófono. «¿Cuál es el procedimiento? ¿Debemos aprobar esta declaración sin comentarios?», preguntó.

La moderadora le reprendió: «Esto provino de los talleres. Si usted tiene un problema, elévelo a los comités».

Una mujer señaló que los talleres se realizaron simultáneamente, de modo que no pudieron asistir a todos. Otra indagó sobre relatores que informaron algo diferente de lo que fue aceptado en el taller.

Los organizadores rápidamente dieron un giro. Las correcciones podían entregarse a los relatores.

«¿Qué autoridad tiene un relator para hacer cambios de forma unilateral sin el taller completo?» preguntó una mujer.

La moderadora insistió en que el tiempo se había acabado. Las asistentes «tendrían que confiar» en los organizadores para la declaración final.

A pesar de que los organizadores instaron a los gobiernos a ser responsables y transparentes, durante la última sesión echaron a una mujer que tomaba notas.

Fuera del foro, una asistente notó que las diferencias entre las feministas surgen en torno a la «sexualización de la mujer», y que el interés de las mujeres se reduce a lo relacionado con la actividad sexual.

Otra detectó el «peligro» de los directivos que celebran reuniones pero que no toman o presentan notas y luego desestiman las quejas diciendo que los asuntos fueron discutidos y convenidos.

El año próximo señala el vigésimo aniversario de la Plataforma de Acción de Beijing, directrices políticas sobre igualdad de género de la ONU que no incluyeron el derecho al aborto ni aprobaron la prostitución. Algunos ven este hito como oportunidad para incluirlos en una reinterpretación del acuerdo mediante una serie de reuniones regionales previas a la conferencia Beijing+20 el próximo mes de marzo.

El foro de Bangkok, convocado por agrupaciones feministas y apoyado por ONU Mujeres, pretendió influenciar a países asiáticos y del Pacífico durante su examen regional.

También esperan influir en los nuevos objetivos de desarrollo de la ONU. Estos, que todavía están por decidirse, reemplazarán los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ocho prioridades que pasaron a ser la norma mundial para la labor humanitaria y la ayuda exterior.

No todas las asistentes al foro encajan en el discurso feminista. Una silenciosa joven, ex consumidora de drogas que tiene VIH, se llenó de luz cuando se le preguntó sobre su hija. Comentó con orgullo que su pequeña de cinco años no tiene VIH y explicó:

«Cuando nació mi hija, cobré vida».

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano