Cinco problemas con la militancia juvenil en la ONU

By Rebecca Oas, Ph.D. | 2014

NUEVA YORK, 5 de septiembre (C-FAM) «Hace un año, hubo una “toma juvenil” de la ONU», dijo la representante de Save the Children ante las Naciones Unidas en un panel sobre los niños y jóvenes como agentes de cambio, que se realizó la semana pasada.

«Toma» es una valoración generosa que probablemente se refiera a la designación de un Enviado para la Juventud por parte del Secretario General, diversas conferencias para jóvenes, multitudes de activistas adiestrados que asistieron a distintas reuniones de la ONU y frecuentes recordatorios de que más del cincuenta por ciento de la población mundial es menor de treinta años.

¿La ONU desatendió a la juventud en el pasado? ¿O esta oleada de atención es una táctica para promover políticas controvertidas? He aquí cinco aspectos del activismo juvenil como se lo formula a menudo dentro de la ONU:

Los jóvenes pueden ser utilizados como símbolos para publicidad. Ser joven podría asegurar a una persona un lugar en un panel, aunque simultáneamente garantice que sus contribuciones sean marginadas como la «perspectiva de los jóvenes» y no se las valore por sus propios méritos. Conforme los jóvenes adquieren formación y experiencia, pueden contribuir (y ser respetados) en áreas que afectan a todas las personas, no solo jóvenes.

La «voz de los jóvenes» no es monolítica. Algunos de los defensores más ruidosos del activismo juvenil tienden a caracterizar a los jóvenes diciendo que tienen la misma opinión. Este concepto es promovido a costa de mucho dinero con eventos como el Foro Mundial de la Juventud del Fondo de Población realizado en Bali, en 2012, donde activistas de ideas afines fueron enviados de todas partes del mundo en avión para firmar un documento tan radical que el país anfitrión se distanció de él.

La juventud privilegiada se encuentra representada de manera desproporcionada en la ONU. Tener menos de treinta y autoridad suficiente para ser invitado a hablar en una reunión de la ONU requiere una de dos cosas: una historia personal increíble (como la de Malala Yousafzai, la joven palestina que casi fue asesinada por asistir a la escuela) o contactos de élite. En el panel de jóvenes de la semana pasada figuraban personas cuyos padres tienen cargos internacionales de alto nivel, con títulos superiores de universidades exclusivas, o ambos. El año pasado, se desató un escándalo menor cuando se subastó una pasantía de la Oficina de los Unitarios Universalistas para la ONU por 22.000 dólares (para la mayoría, precio desorbitado por la oportunidad de trabajar sin remuneración).

La moralidad es innata a los jóvenes. «Los jóvenes tienen sentido de lo que está bien… simplemente sabes [que algo] no es justo», dijo un joven panelista en la reunión de la semana pasada. «Lamentablemente a veces pierdes eso a medida que envejeces». Otros oradores hicieron eco de la idea de que si se reforzara el sentido innato que tienen los jóvenes sobre lo que está bien y lo que está mal con una comprensión básica del sistema de la ONU, ellos podrían liderar el mundo (cabe suponer que siempre y cuando salieran del sistema antes de que su joven idealismo diera paso al pragmatismo de la madurez). Incluso así, los panelistas rápidamente atribuyeron a los adultos, especialmente a sus padres y profesores, el haberles orientado en la comprensión de asuntos y en el desarrollo de opiniones que, no es de sorprender, coinciden con el parecer de aquellos adultos.

¿Los jóvenes están preparados para comprender a fondo cuestiones que afectan su propio sector demográfico? Una frase común en eventos orientados hacia la juventud es que las decisiones que tome la ONU hoy repercutirán en la próxima generación, para bien o para mal. Esto es igualmente cierto para los niños pequeños. Una cosa es ser consultado; también se requieren conocimiento y experiencia para ser responsables últimos de la toma de decisiones, además de representar legítimamente a un cuerpo de ciudadanos o miembros.

Nada de esto tiene el fin de censurar la importancia de implicar a los jóvenes en asuntos mundiales, o en actividades de defensa y becas como la serie de trabajos Young Scholars Series de C-Fam y el blog de la alianza International Youth Coalition.

Mientras que C-Fam, como muchas organizaciones, promueve una perspectiva diferente y un conjunto de valores compartidos de igual modo por jóvenes y personas mayores, los organismos que son más categóricos acerca de «crear un espacio» para los niños y jóvenes militantes en el sistema de la ONU pretenden que los jóvenes propongan independientemente su propia agenda (que incluya la promoción del aborto y la redefinición de la familia) y que tengan más autoridad moral debido a que llevan menos años sobre la tierra.

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano