El desafortunado casamiento a la fuerza entre los defensores del aborto y los de la salud materna

By Rebecca Oas, Ph.D. | 2014

NUEVA YORK, 7 de marzo (C-FAM) Los defensores de la salud mundial coinciden en que la tasa de mujeres que mueren en el parto en el mundo entero es inaceptablemente alta. Por lo general, conseguir la ayuda de defensores experimentados con influencia política es de gran ayuda para cualquier campaña. Pero un nuevo estudio descubre que los defensores de la planificación familiar y del aborto han desviado recursos y han entorpecido el progreso de la ayuda destinada a que las mujeres no mueran al dar a luz.

Un análisis reciente de dos investigadores belgas explica cómo el progreso en salud materna ha sufrido precarias alianzas entre agrupaciones de activistas con metas distintas: unos buscan hacer que los nacimientos sean más seguros, mientras que los otros quieren garantizar de que estos no ocurran en absoluto. Los investigadores critican a las agrupaciones centradas en cuestiones polémicas como el aborto y la planificación familiar por desviar la atención y los recursos de la atención obstétrica de emergencia, que no logra «entrar en la agenda política mundial».

Los autores, Rachel Hammonds y Gorik Ooms, entrevistaron a expertos en políticas de salud mundial. Existe un «acuerdo universal de que [la atención obstétrica de emergencia] es una intervención pilar clave para reducir la morbimortalidad materna», dijo un experto. Pero «exige intervenciones de los sistemas de salud y no… soluciones excepcionales a modo de panaceas». Una de las «panaceas» mencionadas es la permanente campaña por el acceso amplio a la droga misoprostol por parte de agrupaciones que la quieren tanto para el tratamiento de la hemorragia posparto como para provocar abortos.

El acceso a la atención obstétrica de emergencia no estaba incluido en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, pese a haber un compromiso con la reducción de la mortalidad materna. Hammonds y Ooms citan un informe que reflexiona sobre dichas metas al aproximarse su fecha de caducidad en 2015: «Resta mucho por hacer en el área más crucial: el parto».

El informe de los belgas explica que la atención obstétrica de emergencia puede ofrecer soluciones para las cuatro principales causas de muerte materna: la hemorragia excesiva, la hipertensión, las infecciones y las consecuencias de abortos mal hechos.

En ninguna parte del análisis de Hammonds y Ooms se demanda el acceso legal más amplio al aborto. En cambio, lamentan cómo se ha ignorado en gran medida la atención obstétrica de emergencia en favor de asuntos más polémicos. «Creo que mucha gente que trabaja en salud sexual y reproductiva piensa que la mortalidad materna no debería ser más un problema», dijo uno de los expertos que entrevistaron.  

En cuanto a aquellos que insisten en que debería ser un asunto, un experto señaló: «[l]as personas que trabajan en salud maternoinfantil no son defensores de derechos humanos, de modo que no tienen las herramientas para una militancia tal».

Hammonds y Ooms llegan a la conclusión de que la atención obstétrica de emergencia ha quedado traspapelada porque quienes la priorizan carecen de pericia política para promover su causa. Entretanto, las agrupaciones de derechos sexuales y reproductivos no pudieron lograr el éxito pese a su habilidad para la defensa de su causa porque sus demandas eran «posiblemente menos atractivas para aquellos políticos y responsables de políticas que trabajan dentro del sistema actual».

La atención obstétrica de emergencia no está completamente exenta de la presión del aborto. Marge Berer sostiene que el aborto debe ofrecerse como componente de ella. La editora de Reproductive Health Matters mencionó el trágico caso de Savita Halappanavar, que murió de una infección tras un aborto espontáneo en Irlanda, país con un registro de salud materna superior al de las naciones que permiten el aborto.

«Debería despojarse del derecho a brindar servicios de maternidad a cualquier profesional de la salud u hospital católico que se niegue a poner fin a un embarazo como atención obstétrica de emergencia», escribe Berer. «En algunos países esos son los principales o únicos servicios de maternidad que existen. Aun así, los gobiernos deberían negarse a subvencionar estos servicios».