Informe emblemático de ONU Mujeres: ¿economía razonable o feminismo radical?

By Rebecca Oas, Ph.D. | 2015

NUEVA YORK, 1 de mayo (C-Fam) El informe anual recientemente publicado del organismo de la ONU para la mujer pone de relieve una desconexión básica entre los Estados Miembros de la ONU y los funcionarios de la Organización.

El informe advierte sobre la necesidad de redes sociales de seguridad para mujeres vulnerables, entre ellas, viudas, jubiladas y aquellas que proporcionan atención paga o gratuita a otros, todos asuntos que cuentan con amplio apoyo en la Asamblea General. 

Pero también exige políticas sociales que han sido rechazadas repetidamente por los estados miembros de la ONU, como la «educación sexual integral», el aborto, no solo legalizado sino subsidiado con fondos del gobierno, y una definición de igualdad basada en los resultados que busca eliminar los efectos de las diferencias entre los sexos a través de medidas gubernamentales invasivas.

La introducción pone de manifiesto «el concepto central y rector del Informe: la igualdad sustantiva para la mujer». La noción de igualdad sustantiva, que se incluye en el tratado de la ONU para la mujer (CEDAW), es que la igualdad de trato entre los sexos en virtud de la ley no es suficiente, sino que los países deben tener igual representación de hombres y mujeres en todas las esferas públicas y privadas.

El informe reconoce la importancia de la atención no remunerada y del trabajo doméstico (con enfermos, ancianos y niños) y dice que es «la base de toda actividad económica». Pide de manera sucinta que se reduzca el peso de este trabajo mediante iniciativas locales y nacionales, como ser el acceso al agua, a la electricidad y a sistemas de apoyo social.

Se presta mucha más atención a la idea de redistribuir el trabajo de atención de igual modo entre hombres y mujeres, tanto dentro del hogar como en las profesiones tradicionales de «cuidado» como la docencia, la enfermería y el trabajo social.

Esta redistribución del trabajo ha fracasado incluso en los países más progresistas, famosos por su igualitarismo, como ser Noruega. «Alentar a los hombres a asumir ocupaciones feminizadas» estableciendo subsidios o cuotas ha sido inútil, admite ONU Mujeres.

La igualdad sustantiva requiere transformar no solo las instituciones, sino también «las creencias, las normas y las actitudes que las modelan, en cada nivel de la sociedad». ONU Mujeres insiste en esta clase de cambios radicales, pese a que no puede mencionar a un país que los haya implementado completamente.

La idea de la igualdad sustantiva ha sido promovida ante todo por intelectuales feministas, entre ellas, miembros del comité de la CEDAW, que habitualmente sermonean a los países para que liberalicen sus leyes de aborto con la excusa de garantizar la igualdad de la mujer.

Esta teoría respalda el trabajo de agrupaciones proabortistas como el Centro de Derechos Reproductivos, que sostiene que «la igualdad sustantiva de las mujeres comúnmente se vincula a los derechos reproductivos y a la autonomía de las mujeres para determinar el curso de sus vidas», y plantea que, sin el aborto, la mujer no podrá desarrollar su pleno potencial.

El proyecto de la igualdad sustantiva también se opone a las leyes de países como los Estados Unidos, donde este es uno de los motivos más importantes por los cuales el tratado de la CEDAW no ha sido ratificado. Al testificar ante el Comité Judicial del Senado en 2010, la dra. Susan Yoshihara, de C-Fam, se opuso a la ratificación del tratado porque «el estilo de la igualdad de género en el tratado se basa en los resultados y no en las oportunidades, y, por lo tanto, es incompatible con el derecho estadounidense».

El informe hace comentarios convincentes sobre la situación apremiante de mujeres a quienes se les niega servicios sociales y protección jurídica a causa de su viudez, de su avanzada edad, de su discapacidad o por haber dedicado gran parte de sus vidas al servicio de sus seres queridos. Pero no contempla ninguna forma de satisfacer sus necesidades sin la intrusión radical del gobierno en las decisiones personales, creando un nuevo concepto de la naturaleza de los sexos inaudito y aún no demostrado, y que refleja la visión de expertas feministas de élite en la ONU en vez de la perspectiva de las diversas comunidades mundiales.

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano