Líderes del mundo pasan por alto juerga de la ONU
NUEVA YORK, 26 de septiembre (C-Fam) Apenas se vio a los líderes mundiales en la recientemente renovada sala de la Asamblea General al conmemorarse una conferencia histórica de la ONU que desencadenó las guerras del aborto en la Organización.
Aunque la concurrencia fue escasa durante todo el día, el evento especial se cerró a la medianoche con docenas de delegaciones, entre ellas las de Estados Unidos y Rusia, que todavía esperaban su turno para hablar. Brasil reprochó al presidente de la reunión el haber dado la palabra a la Federación Internacional de Planificación de la Familia y a otras agrupaciones en vez de a los estados miembros. Según se dice, los funcionarios de la ONU también se enfrentaron entre bastidores acerca de si continuarían la reunión al día siguiente.
Los dirigentes de los derechos reproductivos, encabezados por el Fondo de Población de la ONU, dedicaron dos años a la preparación del evento. Pero los líderes mundiales que pretendía atraer no se presentaron.
El presidente Obama estuvo entre quienes faltaron el lunes a la sesión especial de la Asamblea General en el vigésimo aniversario de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de 1994 en El Cairo. La conferencia cambió el nombre de los programas de control demográfico respaldados por los países ricos por el de «derechos reproductivos» y comprometió a los países a emplear los recursos nacionales en la reducción de la fertilidad, junto al abordaje de otros objetivos de desarrollo no polémicos.
El puñado de presidentes que asistió a la celebración destacó los desafíos del desarrollo, la educación y eliminar a la pobreza, pero en la mayoría de los casos restaron importancia a los derechos reproductivos.
La Presidente chilena, Michelle Bachelet (favorita de las agrupaciones femeninas), se centró en la erradicación de la pobreza y en el cambio climático. La ex Directora de ONU Mujeres no mencionó los derechos reproductivos en absoluto.
El Presidente de Bolivia, Evo Morales, quien habló en representación de los 132 miembros del Grupo de los 77, reiteró advertencias clave del acuerdo de El Cairo que enfurecieron a los defensores de los derechos reproductivos. Dijo que la ayuda exterior y de la ONU jamás debe estar sujeta a la «condicionalidad». Las estrategias de desarrollo «deben estar orientadas por los países [receptores]» y deben tener en cuenta las «condiciones, necesidades y prioridades» de los países en desarrollo. Esto fue una alusión directa a la tendencia de los países donantes ricos de condicionar la ayuda al desarrollo a la aceptación de políticas sociales radicales como el aborto.
Aunque Morales elogió el programa de El Cairo, pareció menospreciar el acuerdo considerándolo meramente un «peldaño» hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que incluyeron la salud materna pero no la salud y los derechos reproductivos.
Muchos oradores pusieron de relieve la salud materna: área del plan de El Cairo carente de resultados. El Fondo de Población de la ONU y otros que implementaron la agenda de El Cairo se centraron fuertemente en la reducción de la fertilidad mediante desembolsos en anticoncepción, lo cual tuvo grandes repercusiones. Solo África mantiene niveles de fertilidad superiores a dos hijos por mujer, lo cual tiene más que ver con la cultura que con la disponibilidad de anticonceptivos. Solo el 1,8% de las mujeres casadas en África menciona la falta de acceso a los anticonceptivos como motivo para no usarlos. Pero la salud materna está rezagada.
Los países de Europa Oriental hablaron de los desafíos que enfrentan a causa de la baja fertilidad, como ser: el envejecimiento de la población, la disminución de la mano de obra, y obligaciones de asistencia social sin la suficiente financiación.
Los microestados enfrentan otros desafíos únicos.
«El problema no es el crecimiento de la población», dijo Gastone Browne, Primer Ministro de Antigua y Barbuda; el obstáculo para el desarrollo en su país son las instituciones financieras mundiales. También se quejó del acento puesto en la «familia nuclear», a la que calificó como la «base de todas las civilizaciones».
No todos estuvieron de acuerdo.
«¡Estamos contaminando nuestros océanos, nuestra atmósfera, nuestras ciudades!», denunció el Presidente de Palaos, Tommy Remengesau. «Si nuestras poblaciones dejan de crecer, podemos mejorar mágicamente la condición humana, proteger los derechos humanos y reducir el conflicto regional», sostuvo.
La Asamblea General no «recibió con agrado» un polémico informe del Secretario General preparado por el Fondo de Población de la ONU, documento que menciona el aborto más que la salud materna. La Asamblea General meramente «tomó nota» de éste, lo cual constituye el grado más bajo de reconocimiento. Varios países proabortistas intentaron rescatarlo elogiándolo desmesuradamente.
El acuerdo de El Cairo, que vence este año, fue extendido indefinidamente en 2010 por la Asamblea General a fin de evitar nuevas negociaciones sobre el aborto o la conducta homosexual. El acuerdo de El Cairo no los considera como derechos, y los países ricos estaban preocupados de que nuevas negociaciones dieran como resultado incluso menos énfasis en los derechos reproductivos y en la disminución de la fertilidad.
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano
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