Los LGBT cuentan cuentos chinos al comité de la ONU contra la tortura

By Austin Ruse | 2014

GINEBRA, 14 de noviembre (C-Fam) Activistas estadounidenses que están en contra de la «terapia reparativa» solicitaron al Comité de la ONU contra la Tortura que definieran la práctica como forma de tortura y como violación del derecho internacional.

El objeto de debate es el tratamiento que procuran las personas que luchan contra deseos homosexuales no queridos. Muchos terapeutas todavía ofrecen el tratamiento a quienes lo solicitan, a pesar de que los colegios profesionales de la comunidad terapéutica dicen que el deseo por las personas del mismo sexo no constituye una forma de enfermedad mental y desalientan esta clase de terapia.

Existe un movimiento en los Estados Unidos para prohibir por ley totalmente esta clase de terapia. Nueva Jersey y California ya han prohibido la terapia reparativa para menores y el National Center for Lesbian Rights está haciendo campaña en pos de una prohibición nacional en los próximos cinco años. Fue esta la agrupación que se presentó en Ginebra esta semana.

 

El Comité de la ONU contra la Tortura es un órgano de supervisión de tratados que controla la implementación del acuerdo de la ONU contra la tortura por parte de los países que lo han ratificado. Este mismo comité reprendió de manera infame al Vaticano a comienzos de este año por la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto. Un miembro del comité, la estadounidense Felice Gaer, dijo que las leyes contra el aborto son una forma de tortura.

La convención que prohíbe la tortura la define como la imposición deliberada de sufrimiento físico o mental por un «funcionario público» a fin de obtener una confesión o como forma de castigo o represalia.

 

Estados Unidos está siendo examinado esta semana. Según la costumbre adoptada por el comité, todas las agrupaciones tienen la oportunidad de presentar quejas en forma de «informes paralelos» al comité. A menudo, el comité aprueba sin cuestionar las acusaciones, e incluso teorías jurídicas, planteadas en estos informes cuando interrogan a los gobiernos declarantes.

 

El martes, los activistas se reunieron en forma privada con el comité y contaron cuentos de terror sobre la supuesta tortura que algunos padecieron en la «terapia reparativa».

Uno de los testigos fue un joven llamado Samuel Brinton, que se convirtió en celebridad desde que fue filmado en un documental estadounidense algunos años atrás. Brinton dice que sus padres le enviaron a un terapeuta que ató sus manos hacia abajo y colocó bloques de hielo en sus palmas puestas hacia arriba, ató alambre de cobre a sus brazos y puso electrodos en sus dedos para torturarlo cada vez que se excitaba ante la silueta masculina. Esta clase de denuncias son comunes entre los activistas que intentan prohibir la «terapia reparativa».

La veracidad de Brinton ha sido puesta en duda no por la derecha religiosa sino por importantes figuras LGBT, entre ellas Wayne Besen, ex vocero principal de LGBT Human Rights Campaign, quien actualmente dirige un sitio web llamado Truth Wins Out [La verdad prevalece], que está dedicado a desenmascarar lo que considera ser las mentiras «antigay» del conservadurismo social y los ex gais.

Besen dijo que intentó durante un mes llegar al fondo de la historia de Brinton y que no pudo. Le exigió que le dijera el nombre del terapeuta que le hizo eso. Brinton dijo que no podía recordarlo y que no tiene que demostrar su historia. Besen dijo, por lo tanto, que la historia de Brinton no es verificable y que no debería usarse.

Incluso así, Brinton estuvo en Ginebra contando su historia esta semana.

La delegación estadounidense recibió una serie de preguntas relacionadas con esta clase de acusaciones. Uno de los interrogadores quería saber qué estaba haciendo Estados Unidos para procesar a los profesionales de este tipo de terapia.

El informe final del comité será publicado en las próximas semanas y probablemente efectúe recomendaciones para poner fin a la «terapia reparativa».

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano