Una mirada hacia atrás y un punto cúlmine hacia adelante

By Austin Ruse | 2015

NUEVA YORK, 2 de enero (C-Fam) Los radicales de la ONU están molestos ante su falta de progreso. Este año, como en los veinte anteriores, no promovieron su agenda abortista ni siquiera una sílaba más de lo que consiguieron en la Conferencia de El Cairo de 1994.

Nos percatamos de esto hace unos años, en el vigésimo aniversario de la Conferencia de Río sobre Medio Ambiente. La frase «derechos reproductivos» de hecho fue retirada de ese documento y las mujeres de izquierda, como Hillary Clinton, aullaron de rabia. Se nos ocurrió entonces que estas radicales habían gastado veinte años, cientos de millones de dólares y cientos de millones de horas de trabajo para nada.

En todos esos años y habiendo quemado todo ese efectivo no se habían acercado nada a un derecho internacional al aborto de lo que lo habían pretendido en el Cairo. Y piénselo. Qué derroche criminal de recursos que deberían haberse destinado a asistencia genuina para los pobres y los países subdesarrollados.

Cientos de millones de personas todavía se las arreglan con solo un dólar por día. Cientos de millones de personas no pueden conseguir un vaso de agua potable. Y al mismo tiempo los radicales de la ONU han gastado su tiempo y nuestras riquezas soñando con el asesinato sin límite de niños por nacer.

La buena noticia es que les hemos detenido, al menos en los documentos.

Donde perdimos fue en la implementación de esos documentos y el único motivo por el que perdimos allí es que los radicales simplemente mienten sobre ellos y ejercen la fuerza bruta. Sea que se trate de tratados vinculantes o resoluciones no vinculantes, los documentos son decididos por la Asamblea General y luego se los pasa a los funcionarios para que los implementen o expongan y lo que inevitablemente hacen es mentir acerca de ellos.

No existe el derecho al aborto en ningún documento de la ONU. Hemos aclarado eso una y otra vez. Pero, según estos funcionarios radicales, existe un derecho al aborto. Es una horrorosa distorsión de lo que pasa por proceso democrático en la ONU. Se trata de una clara violación de uno de los puntales centrales del derecho humano: el derecho a la autodeterminación política. Los gobiernos que representan a los pueblos pueden decidir algo, pero los burócratas siempre insisten en hacer las cosas a su manera.

Vemos que esto ocurre en el asunto de la homosexualidad. Quienes tienen deseos homosexuales y aquellos con diversas variantes de «género» ya están cubiertos por cada uno de los tratados de derechos humanos porque, ante todo, son humanos. Pero ellos demandan un reconocimiento especial.

Una y otra vez los estados miembros de la ONU han rechazado la idea de que la «orientación sexual y la identidad de género» (OSIG) puede tener un carácter especial en el derecho humano. Aún así, los burócratas insisten en que la OSIG tiene precisamente ese carácter especial.

El próximo año veremos estos temas debatirse acaloradamente una vez más. En las negociaciones de los Objetivos de Desarrollo Sostenible una vez más se verá a los radicales insistir que el derecho al aborto es esencial para el bienestar de la sociedad. Una vez más, veremos que se promueve la OSIG como nueva categoría protegida.

El próximo año, C-Fam llevará a cabo su misión esencial de ayudar a los gobiernos a comprender y promover una noción adecuada de derechos humanos y derecho internacional.

Ha sido un año maravilloso, nuestro 17.o año de actividad. El 18.o promete estar igualmente cargado de peligro y diversión. Gracias por seguir con nosotros.

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano