EE. UU. aborda la cuestión trans a nivel mundial en la ONU

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NACIONES UNIDAS, 21 de agosto (C-Fam) – En una medida que sorprendió a los gobiernos progresistas, la administración Trump ha propuesto incluir en un documento de la ONU una advertencia sobre los «procedimientos de rechazo del sexo» en niños.

Las enmiendas de Estados Unidos, propuestas en una resolución sobre salud mental y apoyo psicosocial, advierten sobre el «número creciente de niños diagnosticados con disforia de género» y el «mayor uso de intervenciones farmacológicas y quirúrgicas como tratamientos para la disforia de género pediátrica».

Las enmiendas instan a los gobiernos a explorar alternativas a los procedimientos de rechazo del sexo y a garantizar que los niños que experimentan disforia de género tengan acceso a servicios de salud mental y apoyo psicosocial.

Las enmiendas también instan a los gobiernos a basarse en «evidencia de alta calidad sobre los efectos de las intervenciones de rechazo del sexo en los resultados psicológicos, la calidad de vida, el arrepentimiento y la salud a largo plazo». Respaldan la medicina basada en la evidencia, concretamente los «estudios observacionales a largo plazo con grupos de control paralelos basados en muestras suficientemente amplias». Tales estudios brillan por su ausencia en la industria de la reasignación de sexo para personas transgénero.

La redacción de las enmiendas se basa en los compromisos políticos del presidente Trump y en la labor de las agencias federales estadounidenses desde que asumió su segundo mandato. Las enmiendas sugieren que exponer la ideología de género y la industria médica transgénero es una prioridad constante para la administración Trump, tanto en política interior como exterior, en una medida mucho mayor que durante su primer mandato.

La postura de la administración Trump choca con la de la Unión Europea y la burocracia de la ONU. En 2019, grupos de presión transgénero financiados por la UE impulsaron a la Organización Mundial de la Salud a reclasificar la «disforia de género» como una afección médica —y ya no como un trastorno de salud mental— bajo la nueva denominación de «incongruencia de género». Esta nueva clasificación convierte el tratamiento mediante intervenciones farmacológicas y quirúrgicas en la norma habitual, en lugar del apoyo psicosocial y de salud mental que se ofrecía anteriormente.

El sistema de las Naciones Unidas promueve habitualmente intervenciones médicas para niños transgénero. Los organismos de la ONU y las entidades de derechos humanos han abogado reiteradamente por tales intervenciones —que implican el rechazo del propio sexo— en políticas e informes relativos a la identidad de género, la salud sexual y reproductiva y el enfoque de derechos humanos en la salud mental.

Una guía de 2023 titulada «Salud mental, derechos humanos y legislación: orientación y práctica», elaborada por la Oficina de Derechos Humanos de la ONU en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, resume casos en los que el sistema de las Naciones Unidas promueve procedimientos de rechazo del sexo biológico en niños, así como tratamientos hormonales para menores financiados por el Estado, el acceso a espacios reservados para el sexo opuesto (como baños, vestuarios o prisiones) basado en la identidad de género subjetiva, y restricciones a la libertad terapéutica para ayudar a los niños a superar la disforia de género.

El 20 de enero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva titulada «Protección de las mujeres frente al extremismo de la ideología de género y restauración de la verdad biológica en el gobierno federal». A dicha orden le siguieron dos estudios pioneros del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de los Estados Unidos, dirigidos por Robert F. Kennedy, que detallaban los abusos de la industria médica transgénero y la falta de evidencia científica que respalde los peligrosos procedimientos de rechazo del propio sexo.

Un informe del HHS publicado el 19 de noviembre de 2025, titulado «Tratamiento de la disforia de género pediátrica: revisión de la evidencia y mejores prácticas», constituye un estudio exhaustivo y revisado por pares de toda la evidencia disponible sobre los procedimientos de rechazo del sexo, su eficacia y sus efectos secundarios. El informe no halló pruebas de la eficacia de dichos tratamientos; por el contrario, identificó numerosos efectos adversos a corto y largo plazo probablemente derivados de las intervenciones de rechazo del sexo, entre ellos infertilidad y esterilidad, disfunción sexual, alteración del desarrollo de la densidad ósea, efectos cognitivos adversos, enfermedades cardiovasculares y metabólicas, trastornos psiquiátricos, complicaciones quirúrgicas y arrepentimiento, entre otros.

Otro informe del HHS publicado el 14 de agosto de 2026, titulado «Lobos con bata blanca: cómo médicos y hospitales impulsaron y se lucraron con el fraude de la “medicina de género”», describe las prácticas fraudulentas de la industria médica transgénero, entre ellas la omisión de ofrecer a los niños y a sus padres alternativas a las intervenciones de rechazo del propio sexo, la presión para someterse a tratamientos y la falta de apoyo a las personas que revierten su transición. El informe va acompañado de una breve presentación en vídeo que expone sus conclusiones de manera interactiva.

Se espera que la resolución de la ONU se apruebe a principios de septiembre, antes de que finalice el actual período de sesiones de la Asamblea General. Dadas las enmiendas presentadas por la administración Trump, es poco probable que se apruebe por unanimidad, o incluso que llegue a aprobarse.